¿Los gatos reconocen su nombre? Lo que demostró la ciencia y por qué no vienen
Sí. Un estudio japonés publicado en 2019 en Scientific Reports demostró que los gatos distinguen su propio nombre de otras palabras parecidas y de los nombres de otros gatos de la casa. Que lo reconozcan no significa que vayan a venir: muchas veces responden con un gesto mínimo, como mover las orejas o la cola, y deciden quedarse donde están.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El estudio que lo demostró
En 2019, un equipo dirigido por Atsuko Saito, de la Universidad Sofía de Tokio, publicó en la revista Scientific Reports un estudio con 78 gatos de casas particulares y de un café de gatos. El método fue sencillo: se reproducía a cada gato una grabación con cuatro palabras de sonido y longitud parecidas a su nombre, una tras otra. Como pasa con cualquier sonido repetido sin consecuencias, los gatos iban respondiendo cada vez menos. Después se reproducía su nombre. La mayoría de los gatos reaccionaban de nuevo con más intensidad al oírlo, moviendo las orejas, la cabeza o la cola, lo que indica que lo distinguían del resto de palabras.
También distinguen su nombre del de otros gatos
El mismo estudio comparó su nombre con los nombres de los otros gatos con los que convivían. Los gatos de casas particulares tendían a distinguir su nombre del de sus compañeros; en el café de gatos, donde decenas de clientes llaman a todos los gatos sin orden, la diferencia era menos clara. Y la reacción aparecía tanto con la voz de su dueño como con la de una persona desconocida, lo que sugiere que reconocen la palabra, no solo el tono de quien la dice. Un trabajo posterior de Saho Takagi y colaboradores, publicado también en Scientific Reports en 2022, encontró indicios de que los gatos asocian además el nombre de otros gatos de la casa con su cara.
Cómo lo aprenden
Los gatos no entienden su nombre como una palabra que les identifica, al modo humano. Lo aprenden por asociación: es un sonido que oyen con frecuencia y que suele ir seguido de algo importante para ellos, como comida, caricias, juego o atención. Con el tiempo, ese sonido concreto se vuelve relevante y le prestan atención. Por eso los gatos también suelen reaccionar a otras palabras que se repiten mucho en casa ligadas a algo que les interesa, como el sonido de la lata o la bolsa del pienso, o una palabra concreta que usas para llamarlos a comer. Su capacidad para aprender así es mayor de lo que mucha gente piensa.
Entonces, ¿por qué no viene cuando le llamo?
Es la pregunta que se hace todo el mundo. El estudio mostró algo muy revelador: los gatos que reconocían su nombre respondían casi siempre con gestos pequeños, como girar las orejas, mover la cabeza o la cola, y muy pocos se levantaban para ir hacia el sonido. Los gatos no han sido seleccionados durante miles de años para obedecer, como muchos perros, sino para cazar ratones por su cuenta. Reconocen que les llamas, pero valoran si les compensa levantarse. Si llamarle suele acabar en algo agradable, vendrá más a menudo; si a veces acaba en meterle en el transportín o en darle una pastilla, aprenderá a ser prudente.
Cómo enseñarle a acudir
Se puede enseñar a un gato a venir cuando se le llama, y es útil para casos de emergencia. El método es el refuerzo positivo: di su nombre en un tono alegre y, cuando te mire o se acerque, prémiale de inmediato con algo que le guste mucho, como un trocito de su comida húmeda favorita o un premio. Empieza desde muy cerca, en una habitación tranquila, y ve aumentando la distancia poco a poco. Hazlo en sesiones cortas, de pocos minutos, antes de las comidas, cuando tiene más interés. Algunas personas usan un sonido concreto, como un silbido o el clic de un clicker, además del nombre. Nunca uses su nombre para reñirle.
Qué nombres funcionan mejor
No hay un nombre perfecto, pero algunas cosas ayudan. Los nombres cortos, de una o dos sílabas, son más fáciles de distinguir. Los sonidos agudos y las vocales claras, especialmente la «i», captan bien su atención, y eso explica en parte por qué tantos gatos responden al clásico «misi, misi» o «michi». Conviene que el nombre no se parezca demasiado a palabras que se dicen mucho en casa, como «no», ni al nombre de otro animal o persona de la familia. Y, sobre todo, usar siempre el mismo nombre, sin cambiarlo cada día por diminutivos y apodos distintos, aunque los gatos adultos adoptados pueden aprender un nombre nuevo sin problemas.
También reconocen tu voz
Que los gatos distingan su nombre encaja con lo que se sabe de su capacidad para reconocer voces. En 2013, Atsuko Saito y Kazutaka Shinozuka publicaron en la revista Animal Cognition un estudio en el que los gatos respondían más a la voz de su dueño llamándoles que a la de personas desconocidas pronunciando su nombre. Otros trabajos posteriores han encontrado que los gatos distinguen cuando su dueño les habla a ellos, con el tono más agudo y melódico que solemos usar con los animales, de cuando habla a otras personas. No es que entiendan las frases, pero están mucho más pendientes de nosotros de lo que aparentan.
Gatos mayores y gatos que no responden
Si un gato que siempre reaccionaba a su nombre deja de hacerlo, antes de pensar que se ha vuelto indiferente conviene descartar un problema de oído. La sordera es frecuente en gatos mayores, y también es congénita en muchos gatos blancos de ojos azules. Un gato sordo suele maullar más alto, se asusta cuando le tocas sin que te haya visto y no reacciona a ruidos que antes le despertaban. En gatos mayores, también el deterioro cognitivo puede hacer que respondan menos. Si notas el cambio, coméntalo en la revisión. Los gatos sordos pueden aprender a responder a señales visuales, como encender y apagar una luz, o a las vibraciones de una pisada.
Los gatos reconocen su nombre: un estudio de Atsuko Saito en Scientific Reports (2019), con 78 gatos, mostró que lo distinguen de palabras parecidas y del nombre de otros gatos de la casa, incluso dicho por un desconocido. Lo aprenden por asociación con cosas buenas. Que no acudan no es que no lo sepan: es que deciden si les compensa. Se les puede enseñar con premios.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.