Cómo enseñar trucos a tu gato: sí se puede, y le sienta bien
Que los gatos no se pueden educar es otro mito. Aprenden con la misma lógica que cualquier animal: repiten lo que tiene buenas consecuencias. Lo que pasa es que no lo hacen por agradarte, sino porque les compensa. Con premios adecuados, sesiones cortas y paciencia, un gato aprende trucos, normas y, lo más útil, a no temer al transportín.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué merece la pena
Enseñar trucos a un gato no es solo una curiosidad para redes sociales. Es una de las mejores formas de enriquecimiento mental para un gato de interior, refuerza el vínculo con su persona y le da confianza, sobre todo a los gatos tímidos. Y tiene aplicaciones muy prácticas: un gato que acude cuando le llamas es más fácil de encontrar si se esconde o se escapa; uno que entra solo en el transportín hace que ir al veterinario no sea un drama; uno que se deja tocar las patas o la boca a cambio de un premio facilita cortar las uñas, darle una pastilla o revisarle. Todo eso se puede enseñar con las mismas técnicas que un truco, y le cambia la vida al gato y a ti.
La clave: el premio que de verdad le motive
Un perro trabaja muchas veces solo por tu aprobación; un gato, casi nunca. Necesitas un premio que le guste de verdad, y no todos sirven: muchos gatos ignoran su pienso de siempre. Funcionan bien los trocitos muy pequeños de pollo o pavo cocido sin sal, las chucherías para gatos de buena calidad, un poco de paté en una cuchara o las cremas para gatos en tubo que se dan a lamer. Los trozos tienen que ser diminutos, del tamaño de un guisante o menos, porque un gato se sacia pronto y no queremos que engorde. Descuenta lo que le das en premios de su ración diaria. Y entrena antes de comer, cuando tenga algo de hambre, no justo después de una comida.
El clicker, una herramienta muy útil
El clicker es un pequeño aparato que hace un sonido seco, un clic, y cuesta entre 2 y 6 euros. Sirve para marcar el momento exacto en que el gato hace lo que quieres, para que sepa por qué le das el premio. Primero hay que cargarlo: haz clic y dale un premio enseguida, una y otra vez, unas diez veces por sesión, hasta que veas que al oír el clic el gato te mira esperando el premio. A partir de ahí, el clic significa has acertado, viene premio. Si el sonido asusta a tu gato, que a algunos les pasa, apágalo envolviéndolo en un trapo o usa un bolígrafo de pulsador o una palabra corta y siempre igual, como «bien», dicha en el mismo tono.
Sesiones cortas, muy cortas
Los gatos se concentran durante poco tiempo. Una sesión de entrenamiento debe durar entre dos y cinco minutos, con unas pocas repeticiones, y terminar siempre cuando el gato aún tiene ganas, no cuando se aburre y se va. Mejor dos o tres sesiones cortas al día que una larga. Entrena en un sitio tranquilo, sin otros animales ni distracciones, y deja que el gato se vaya cuando quiera: si se marcha, no le persigas, la sesión ha terminado. Nunca le obligues a hacer nada, ni le coloques en una postura a la fuerza, ni le castigues si no lo hace bien. Si un ejercicio no sale, vuelve a un paso más sencillo que sí sepa hacer y termina con un acierto.
Primer truco: tocar un objetivo
El mejor primer truco es el target, que el gato toque con la nariz un objeto, porque es fácil y sirve de base para muchos otros. Usa un palito, una cuchara de madera o el extremo de un bolígrafo. Acércalo a unos centímetros de su cara: como los gatos son curiosos, casi todos lo huelen. En el momento en que la nariz lo toque, clic y premio. Repite varias veces. Luego ve alejándolo un poco, a un lado, más alto, para que tenga que moverse hacia él. Cuando lo haga con seguridad, añade una palabra, como «toca», justo antes de presentar el objetivo. Con este truco puedes guiarle a subir a una silla, a entrar en el transportín o a ir a su cama.
Sentarse y chocar la pata
Para enseñarle a sentarse, sostén un premio justo por encima de su cabeza y muévelo despacio hacia atrás. Al levantar la cabeza para seguirlo, muchos gatos se sientan solos. En cuanto el trasero toque el suelo, clic y premio. Cuando lo haga con facilidad, añade la palabra «sienta». Para chocar la pata, con el gato sentado, sostén un premio en el puño cerrado a poca altura delante de él. Muchos gatos levantan la pata para intentar sacarlo: en el momento en que la levanten, clic y premio. Poco a poco, sustituye el puño por la palma abierta. Son trucos sencillos que la mayoría de los gatos aprenden en pocos días con dos sesiones diarias.
Que venga cuando le llamas
Venir cuando se le llama es uno de los trucos más útiles. Empieza a poca distancia, di su nombre o una palabra concreta, o usa un sonido, como agitar la bolsa de premios, y cuando venga hacia ti, clic y premio. Muchos dueños ya lo han enseñado sin querer: el gato que viene corriendo al oír la lata o el cajón de los premios. Ve aumentando la distancia poco a poco, primero en la misma habitación y luego desde otras. No le llames nunca para algo que no le guste, como darle una pastilla o meterle en el transportín sin haberlo trabajado, porque arruinarías la asociación. Si tu gato tiene acceso al exterior o puede escaparse, este truco puede ser decisivo.
El más importante: el transportín
La mayoría de los gatos odian el transportín porque solo lo ven el día que van al veterinario, de modo que lo asocian con algo malo. Se puede cambiar. Deja el transportín abierto en casa de forma permanente, como un mueble más, con una manta dentro, y echa de vez en cuando premios o parte de su comida dentro. Muchos gatos acaban usándolo para dormir. Cuando entre con confianza, empieza a cerrar la puerta unos segundos mientras le das un premio, y ve alargando. Luego, levantarlo un poco, dar un paseo por casa, un viaje corto en coche. Hacerlo así puede llevar semanas, pero transforma por completo las visitas al veterinario, que dejan de ser una batalla.
Acostumbrarle a que le manipulen
Con la misma técnica se puede enseñar a un gato a tolerar, e incluso disfrutar, que le toquen las patas, le abran la boca, le revisen las orejas o le cepillen. Empieza por un contacto breve en una zona que tolere, como tocarle un segundo una pata, y premia. Ve aumentando poco a poco la duración y la intensidad: sostener la pata, apretar suavemente para que salga una uña, acercar el cortaúñas sin cortar, cortar una sola uña. Siempre con premios, siempre parando antes de que se incomode. Lo mismo para ponerle un arnés, si quieres que salga a pasear: primero dejarlo cerca, luego tocarlo con él, luego ponérselo unos segundos en casa. Sin prisas, en semanas.
Qué esperar y qué no
Cada gato aprende a su ritmo, y algunos son más rápidos y motivados que otros. Los gatos de razas activas y muy sociables, como el abisinio, el bengalí, el siamés o el oriental, suelen disfrutar mucho del entrenamiento, pero cualquier gato puede aprender, incluido el europeo común de la protectora. No esperes la obediencia de un perro: un gato puede saberse un truco perfectamente y no tener ganas de hacerlo en ese momento, y eso es parte de su naturaleza. El objetivo no es tener un gato de circo, sino un gato más estimulado, más confiado y más fácil de cuidar. Si disfrutáis los dos de esos cinco minutos al día, lo estás haciendo bien.
Los gatos aprenden si les compensa: usa premios diminutos que le encanten, un clicker para marcar el acierto y sesiones de dos a cinco minutos que acaben antes de que se aburra. Empieza por tocar un objetivo con la nariz, luego sentarse, chocar la pata y venir. Y lo más útil de todo: que el transportín sea un sitio agradable.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.