¿Son inteligentes los gatos? Lo que la ciencia sabe de su mente y su memoria
Los gatos son inteligentes, pero a su manera: son muy buenos en lo que necesita un cazador solitario, como recordar dónde está la comida, seguir objetos ocultos, aprender por asociación y leer las señales de su entorno y de sus personas. Compararlos con los perros es complicado, porque los gatos colaboran mucho menos en los experimentos y eso hace que se les estudie menos.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Una inteligencia de cazador
La inteligencia de un animal no se mide en una única escala: cada especie es buena en lo que necesita para sobrevivir. El gato desciende de un cazador solitario de presas pequeñas, y su mente está especializada en eso: detectar el movimiento, calcular saltos, recordar dónde hay recursos, aprender de la experiencia y adaptarse a un territorio. No ha sido seleccionado durante miles de años para trabajar con personas y seguir órdenes, como muchas razas de perro. Por eso, si mides su inteligencia por cuánto obedece, saldrá mal parado. Si la mides por cuánto aprende de su entorno, el resultado es muy distinto.
Neuronas: menos que un perro, muchas igualmente
En 2017, un equipo con participación de la neurocientífica Suzana Herculano-Houzel, de la Universidad Vanderbilt, publicó en la revista Frontiers in Neuroanatomy un estudio que contó las neuronas de la corteza cerebral de varios carnívoros. El gato tenía alrededor de 250 millones, y el perro unos 530 millones; las personas tenemos unos 16.000 millones. La prensa lo presentó como la prueba de que los perros son más listos, pero los autores fueron más prudentes: el número de neuronas indica capacidad de procesamiento, no cómo se usa. Además, el estudio analizó muy pocos ejemplares. Lo que sí muestra es que el cerebro del gato tiene una corteza considerable para su tamaño.
Saben que las cosas siguen existiendo
Una de las capacidades mejor estudiadas en gatos es la permanencia del objeto: entender que algo sigue existiendo aunque deje de verse. Los gatos la tienen bien desarrollada, como corresponde a un cazador que debe seguir a un ratón que se esconde detrás de una piedra. En pruebas clásicas, en las que se esconde un juguete o comida detrás de una pantalla delante del gato, este busca en el lugar correcto incluso tras algunos cambios. Tienen más dificultades cuando el objeto se mueve sin que ellos lo vean, algo que también les cuesta a muchas otras especies. Por eso los juegos de esconder juguetes bajo una manta les resultan tan atractivos.
Memoria: recuerdan qué y dónde
Los gatos recuerdan bien dónde están las cosas que les importan. En 2016, un estudio de Saho Takagi y colaboradores, de la Universidad de Kioto, publicado en Behavioural Processes, enseñó a gatos varios cuencos con comida, dejó que comieran de algunos y, un rato después, sin avisarles, los llevó de nuevo a la habitación: los gatos pasaban más tiempo explorando los cuencos de los que no habían comido, lo que sugiere que recordaban qué habían comido y dónde. Es una forma de memoria que en personas relacionamos con la memoria de los episodios vividos. En la vida diaria se nota en que recuerdan rutas, escondites, horarios y personas durante años.
Leen a sus personas
Los gatos prestan mucha más atención a las personas de lo que parece. Reconocen la voz de su dueño entre otras voces, distinguen su nombre de otras palabras y, según un estudio de Isabella Merola y colaboradores publicado en 2015 en Animal Cognition, muchos gatos miran a su persona ante un objeto desconocido y ajustan su conducta según la reacción emocional que ven en ella, una capacidad llamada referencia social. Otros trabajos han encontrado que los gatos siguen con la mirada un gesto de señalar hacia un recipiente con comida. No son tan expresivos como un perro al responder, pero el radar está encendido.
Aprenden más de lo que se cree
Los gatos aprenden constantemente por asociación: el ruido del abrelatas significa comida, el transportín significa veterinario, la persona que se levanta temprano es la que sirve el desayuno. También aprenden por observación, y muchos acaban abriendo puertas y armarios de tanto ver cómo lo hacemos. Con refuerzo positivo, en sesiones cortas y con premios que les gusten mucho, se les puede enseñar a venir al oír su nombre, a sentarse, a chocar la pata, a entrar en el transportín o a usar un arnés. Guinness World Records reconoció en 2016 a un gato australiano, Didga, por hacer 24 trucos en un minuto. No son incapaces de aprender: simplemente necesitan un motivo.
Por qué se estudian menos que los perros
Hay muchos menos estudios de cognición con gatos que con perros, y no es casualidad. Los gatos son más difíciles de estudiar: se estresan en lugares desconocidos, no siempre colaboran, se aburren de la prueba o deciden irse en mitad del experimento. Muchos investigadores han tenido que hacer los estudios en casa de los propios gatos o en cafés de gatos para conseguir resultados. Eso hace que todavía sepamos relativamente poco y que muchos resultados vengan de muestras pequeñas. Conviene desconfiar de los titulares rotundos sobre si los gatos son más o menos listos que los perros: la ciencia aún está lejos de responder eso.
Cómo estimular su mente
Un gato de interior sin estímulos se aburre, y el aburrimiento se nota en sobrepeso, conductas destructivas, maullidos o agresividad. Para mantener su mente activa, ofrécele juego diario con cañas y juguetes que imiten presas, comederos interactivos o rompecabezas en los que tenga que trabajar para sacar la comida, cajas y escondites que explorar, ventanas con vistas y, si te animas, sesiones cortas de adiestramiento con clicker. En gatos mayores, la estimulación también ayuda a frenar el deterioro cognitivo, que se manifiesta con desorientación, maullidos nocturnos o cambios en el sueño. Una mente ocupada es parte de un gato sano.
Los gatos tienen una inteligencia de cazador: recuerdan qué comieron y dónde, entienden que los objetos siguen existiendo aunque no los vean, reconocen tu voz y su nombre, y aprenden por asociación y con premios. Tienen unos 250 millones de neuronas corticales, frente a unos 530 millones del perro, pero eso no basta para compararlos. Se estudian menos porque colaboran menos.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.