El primer celo de la gata: cuándo llega, cómo se reconoce y qué hacer
La primera vez, muchos dueños creen que su gata está enferma o dolorida: se revuelca, maúlla como si llorara y se arrastra por el suelo. Es el celo, y en gatas funciona de forma muy distinta a la de las perras. Conviene entenderlo, porque se repite mucho más de lo que imaginas.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Cuándo llega
La mayoría de las gatas tienen su primer celo entre los cinco y los nueve meses, aunque hay gatas que lo tienen con cuatro y otras que tardan hasta el año. Influyen la raza (las orientales, como la siamesa, suelen ser precoces; las persas, más tardías), el peso y, sobre todo, la luz. La gata es una reproductora estacional de días largos: su ciclo se activa cuando hay más de unas doce horas de luz al día. En España eso significa que la temporada fuerte va aproximadamente de finales de invierno a principios de otoño. Una gatita nacida en otoño puede no tener su primer celo hasta la primavera siguiente; una que cumple cinco meses en abril puede tenerlo enseguida. Las gatas de interior con luz artificial muchas horas pueden ciclar casi todo el año.
Cómo se reconoce: no sangra
A diferencia de la perra, la gata en celo normalmente no sangra ni tiene secreción visible, así que el celo se reconoce por el comportamiento. Maullidos fuertes, insistentes y de tono quejumbroso, a veces durante toda la noche. Se frota con todo: piernas, muebles, esquinas. Se revuelca por el suelo, se arrastra, está mucho más mimosa de lo normal o, al contrario, inquieta. Si le acaricias el lomo, levanta la grupa, aparta la cola a un lado y pedalea con las patas traseras: es la postura de monta, la lordosis. Algunas marcan con orina, comen menos e intentan salir por cualquier rendija. Todo esto se confunde a menudo con dolor, pero una gata en celo no está enferma: está buscando macho con todas sus fuerzas.
Cuánto dura y cada cuánto vuelve
El celo propiamente dicho dura de media unos seis o siete días, aunque puede ir de dos a casi tres semanas. Lo que sorprende es lo que pasa después. La gata tiene ovulación inducida: necesita la monta para ovular. Si no hay macho, no ovula, el ciclo no se cierra y a las dos o tres semanas vuelve a entrar en celo. Durante la temporada de luz, una gata entera sin cruzar puede pasar más tiempo en celo que fuera de él, mes tras mes. No es que se le vaya a pasar: es que el ciclo está diseñado para repetirse hasta que quede preñada o hasta que lleguen los días cortos. Por eso esperar «a ver si se calma» rara vez funciona.
El riesgo real: se queda preñada en minutos
Una gata en celo hará lo imposible por salir, y un macho entero la olerá desde muy lejos. Basta un descuido con una ventana o la puerta del balcón para que vuelva preñada, y la monta es tan rápida que no da tiempo a intervenir. La gestación dura unos dos meses y las camadas suelen ser de tres a cinco gatitos. Además, la gata puede volver a entrar en celo pocas semanas después del parto, incluso mientras amamanta. Tampoco es raro que una camada tenga varios padres. Si tienes una gata entera y un macho entero en casa, aunque sean hermanos, la preñez es cuestión de tiempo. Y ten en cuenta que las ventanas abiertas en celo también son una causa típica de caídas.
Qué hacer mientras dura
Paciencia, puertas y ventanas cerradas o con malla, y distracción. Ayuda jugar con ella con caña varias veces al día para que gaste energía, ofrecerle una zona cálida y tranquila, mantener rutinas y no regañarla, porque no puede evitarlo. Una manta templada o una bolsa de agua tibia envuelta suele calmar a algunas. Los difusores de feromonas faciales pueden reducir algo el estrés, aunque no detienen el celo. Lo que no conviene es intentar «quitárselo» con remedios caseros o con pastillas compradas sin receta: no hay ningún truco doméstico que corte el ciclo. Si los maullidos te desesperan, recuerda que ella también lo está pasando mal, y que la solución definitiva existe.
La pastilla para el celo: por qué no
Durante años se usaron progestágenos en pastilla o inyección para retrasar o cortar el celo, y todavía hay quien los recomienda. Los veterinarios felinos los desaconsejan para uso prolongado por sus efectos secundarios bien documentados: hiperplasia y tumores de mama, piometra, diabetes, aumento de peso y cambios de comportamiento. Una sola toma no suele ser un desastre, pero encadenarlas durante años es una de las causas de tumores de mama en gatas jóvenes. Si por algún motivo concreto no se puede esterilizar a la gata de momento, habla con el veterinario de las alternativas actuales y de sus riesgos. Para una gata de compañía, la respuesta razonable es la esterilización.
Esterilizar: mejor antes del primer celo
Hoy se recomienda esterilizar a la gata hacia los cuatro o cinco meses, antes del primer celo, y la Ley 7/2023 establece la esterilización de los gatos antes de los seis meses salvo criadores registrados. Esterilizar antes del primer celo da la máxima protección frente a los tumores de mama, que en gatas son malignos en la gran mayoría de los casos. Dejarla tener un celo «para que se desarrolle» o una camada «para que sea feliz» no tiene ninguna base: no aporta nada a su salud ni a su carácter. Si ya ha tenido el primer celo, no pasa nada: se esteriliza igualmente, mejor cuanto antes, preferiblemente entre un celo y el siguiente.
Cuándo el celo no es normal
Consulta con el veterinario si la gata sangra o tiene flujo por la vulva, sobre todo si es maloliente o purulento, si bebe y orina mucho más de lo normal, si tiene la barriga hinchada, está apagada o deja de comer: en una gata entera, y más si ha recibido progestágenos, puede ser una piometra, una infección del útero que es urgencia quirúrgica. También conviene consultar si una gata esterilizada vuelve a mostrar signos de celo: puede quedar un resto de ovario funcional, el llamado síndrome del ovario remanente, que se diagnostica con analítica hormonal o ecografía y se resuelve con una segunda cirugía.
¿Y si quiero que tenga gatitos?
Antes de decidirlo, piensa en lo que significa: encontrar varios hogares responsables y comprometidos por cada camada, en un país donde las protectoras están permanentemente llenas de gatitos cada primavera. Criar requiere además revisiones previas, pruebas de leucemia e inmunodeficiencia, desparasitaciones, vacunas de los pequeños, un posible parto complicado y la cesárea de urgencia que a veces conlleva, y cumplir las obligaciones legales de cría. La cría de gatos de raza tiene su registro específico y sus requisitos. Si lo que quieres es la experiencia de ver crecer gatitos, la acogida temporal en una protectora te la da sin añadir más gatos al mundo.
La gata en celo no sangra, maúlla, se revuelca y repite el ciclo cada pocas semanas mientras haya luz y no haya monta. Las pastillas no son solución por sus efectos sobre mama y útero: lo recomendable es esterilizar hacia los cuatro o cinco meses, antes del primer celo.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.