¿Un segundo gato? Cuándo es buena idea y cómo hacerlo bien
Un segundo gato puede ser lo mejor que le pase al primero o el principio de meses de bufidos, pis fuera del arenero y tensión. La diferencia no está en la suerte, sino en elegir bien al nuevo, preparar la casa y presentarlos despacio. Y en ser honesto sobre si tu gato quiere compañía o solo la quieres tú.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Los gatos no son solitarios, pero tampoco gregarios
Durante mucho tiempo se dijo que el gato es un animal solitario. No es del todo cierto: en libertad, muchas gatas viven en colonias formadas por hembras emparentadas que cuidan juntas de las camadas. Pero eligen con quién conviven, y no aceptan a cualquiera. Un gato no necesita otro gato para ser feliz, como necesitaría un perro compañía social, y muchos viven estupendamente siendo el único de la casa. Otros, sobre todo los que llegaron de gatitos con hermanos, disfrutan mucho de tener un compañero. La pregunta no es si los gatos necesitan compañía en general, sino si la necesita el tuyo y si el nuevo será compatible con él.
Cuándo es buena idea
Un segundo gato suele funcionar bien si tu gato es joven, sociable y juguetón, y pasa muchas horas solo; si tu gato ha convivido antes con otros gatos y se llevaba bien; si vas a adoptar un gatito y puedes llevarte a dos hermanos juntos; o si tu gato tiene energía de sobra y te persigue los tobillos, rompe cosas o maúlla de aburrimiento. En estos casos, un compañero de edad y carácter parecidos puede darle juego, actividad y compañía. Pero un segundo gato no es una solución mágica: si el problema de fondo es la falta de estímulos, también hay que poner remedio con juego y enriquecimiento, haya uno o dos gatos.
Cuándo es mejor no hacerlo
Piénsatelo dos veces si tu gato es mayor y tranquilo y está acostumbrado a ser el único, porque un gatito lleno de energía puede amargarle la vida; si tu gato ya tuvo problemas con otros gatos o reacciona con mucha agresividad al ver gatos por la ventana; si tiene una enfermedad crónica o está pasando por un momento de estrés; si la casa es muy pequeña y no hay forma de separar recursos; o si no puedes asumir el gasto doble ni el tiempo de una presentación que puede durar semanas. Tampoco es buena idea adoptar un segundo gato para «animar» a uno que está decaído o deprimido: primero hay que saber por qué está así.
Cómo elegir al nuevo
Lo más importante es la compatibilidad de carácter y energía. Un gato joven y activo encaja mejor con otro joven y activo; un adulto tranquilo, con otro adulto tranquilo. El sexo importa poco si los dos están esterilizados, aunque muchos etólogos señalan que las parejas de dos machos jóvenes muy juguetones pueden ser algo más brutas. Si adoptas en una protectora, pide información sobre cómo se lleva cada gato con otros: muchos han convivido en casas de acogida y su historial es valioso. Un adulto que se sabe que convive bien con gatos es una apuesta más segura que un gatito del que no se sabe nada. Y si puedes, llévate dos gatos que ya se lleven bien entre ellos.
Salud antes de juntarlos
Antes de que el nuevo gato entre en contacto con el tuyo, debe pasar por el veterinario: revisión, desparasitación interna y externa, vacunas al día y test de leucemia e inmunodeficiencia felina, que se transmiten entre gatos. Si viene de una protectora, probablemente ya lo traerá hecho; pide los papeles. Si viene de la calle, es imprescindible. Tu gato también debe estar vacunado y desparasitado. Durante los primeros días, aunque los dos estén sanos, el nuevo debe estar en una habitación separada, lo que además de ser parte de la presentación sirve como pequeña cuarentena por si incubaba algo, como un catarro felino.
Prepara la casa: recursos para todos
Gran parte de los conflictos entre gatos que conviven tienen que ver con la competencia por los recursos. La regla general es un arenero por gato más uno, en sitios distintos, no todos juntos en el mismo rincón. Comederos y bebederos separados, en lugares diferentes, para que ninguno tenga que comer al lado del otro. Varios rascadores, camas y escondites, y sobre todo espacio vertical: estanterías, repisas, rascadores altos, desde los que cada gato pueda tener su sitio y evitar al otro. En una casa bien organizada, dos gatos que no son amigos íntimos pueden convivir tranquilos; en una mal organizada, hasta dos gatos compatibles acabarán peleando.
La presentación, despacio
El error más común es meter al gato nuevo en casa y dejar que «se arreglen». Los gatos necesitan tiempo para aceptarse. Primero, el nuevo vive en su habitación con todos sus recursos, y los dos se conocen por el olor: intercambia mantas, frota a uno con un paño y déjaselo al otro, y alterna qué gato explora qué zona de la casa. Después, comidas a cada lado de la puerta cerrada, acercándolas poco a poco. Luego, que se vean a través de una barrera, como una puerta de rejilla, con comida o juego. Y solo después, ratos juntos y supervisados, cada vez más largos. Puede llevar desde unos días hasta varias semanas, y conviene no tener prisa.
Señales de que va bien, o no
Va bien si los gatos se miran con curiosidad, se acercan con la cola en alto, se huelen la nariz, comen tranquilos cerca de la barrera, juegan o simplemente se ignoran con calma. Algún bufido aislado al principio es normal. Va mal si uno se queda mirando fijamente al otro, le persigue, le bloquea el paso al arenero o a la comida, si hay gruñidos y bufidos constantes, peleas con pelo por el aire, o si uno de los dos deja de comer, se esconde todo el tiempo o empieza a hacer pis fuera del arenero. En ese caso, vuelve atrás uno o dos pasos y ve más despacio. Y si a pesar de todo no mejora, consulta con un etólogo.
Lo que cuesta
Un segundo gato no duplica el tiempo de cuidado, pero sí casi todos los gastos: comida, arena, veterinario y seguros. Calcula entre 600 y 1.200 € más al año a partir del segundo año, y un primer año algo más caro por las vacunas, el microchip y la esterilización si no viene hecha. Si adoptas en una protectora, la tasa suele estar entre 50 y 150 € y el gato llega vacunado, testado y esterilizado. Súmale un arenero más, rascadores, camas y, quizá, una puerta de rejilla para la presentación. No es una cifra enorme, pero tampoco es despreciable, y en quince años la diferencia se nota.
Si después de todo no funciona
A veces, a pesar de hacerlo todo bien, dos gatos no se aceptan. Si tras varios meses siguen las peleas, uno de los dos vive aterrorizado, deja de comer, se esconde o tiene problemas urinarios por el estrés, hay que buscar ayuda profesional. Un veterinario con formación en etología puede valorar la situación y proponer cambios en la casa, en la rutina o un plan de reintroducción. En algunos casos, la convivencia mejora mucho con paciencia. En otros, la solución más justa para los dos es buscarle al nuevo otra familia, a través de la protectora de la que vino. No es un fracaso: es reconocer que no todos los gatos son compatibles.
Un segundo gato funciona mejor si tu gato es joven, sociable y pasa muchas horas solo, y si el nuevo tiene un carácter y una energía parecidos. Haz el test de leucemia e inmunodeficiencia, prepara recursos para los dos (un arenero por gato más uno) y preséntalos despacio, por fases. Y si tu gato es mayor y feliz siendo el único, quizá lo mejor es dejarlo así.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.