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18 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

El gato en invierno: cuánto frío aguanta y los peligros de la temporada

La mayoría de los gatos sanos de pelo normal llevan bien el frío, pero hay excepciones, y el invierno trae algunos peligros propios: el motor del coche, el anticongelante, las estufas o el menor consumo de agua. Con unos pocos ajustes en casa, y un poco de atención a los gatos de la calle, el invierno pasa sin sustos.

Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web

Serengeti
Serengeti · foto de Stormypoint Serengeti (CC BY 4.0)

Cuánto frío aguanta un gato

Un gato adulto, sano y con un pelaje normal tolera bastante bien las temperaturas bajas, sobre todo si tiene donde refugiarse. Su temperatura corporal normal es más alta que la nuestra, en torno a 38 a 39 grados, y su pelaje, con subpelo, aísla muy bien. Las razas de bosque, como el maine coon, el bosque de Noruega o el siberiano, están especialmente preparadas para el frío. Pero hay gatos que lo pasan peor: las razas sin pelo, como el sphynx, el peterbald o el donskoy, y las de pelo muy corto y sin subpelo, como el devon rex o el cornish rex; los gatitos, los gatos mayores, los muy delgados y los que tienen alguna enfermedad crónica, como la renal o el hipertiroidismo.

Señales de que tiene frío

Un gato con frío busca activamente fuentes de calor: el radiador, el sol, tu regazo, debajo de las mantas. Duerme hecho un ovillo apretado, con la cola tapándole la nariz y las patas recogidas, y puede tener las orejas y las almohadillas frías al tacto. Si el frío es más intenso, puede temblar, estar apático o moverse con lentitud. La hipotermia, en la que la temperatura corporal baja demasiado, es peligrosa y puede ocurrir en gatos que han estado expuestos al frío mucho tiempo, sobre todo si están mojados, son muy jóvenes, mayores o están enfermos. Si un gato está frío, muy apagado y le cuesta moverse, envuélvelo en una manta y llévalo al veterinario.

Calor en casa

Ofrécele varias camas en sitios cálidos, elevadas del suelo y lejos de corrientes de aire, de puertas y ventanas. Las camas tipo iglú o cueva conservan bien el calor, y las hamacas de radiador son las favoritas de muchos gatos. Las mantas autocalentables, que reflejan el calor del propio gato, son seguras y no necesitan electricidad. Si usas una manta o una cama eléctrica, que sea específica para mascotas, de baja potencia, con el cable protegido, y que el gato pueda alejarse si tiene demasiado calor. En gatos sin pelo, un jersey o una camiseta de algodón ayuda dentro de casa, siempre que lo acepten. Y no le cortes el pelo en invierno a un gato de pelo largo, salvo indicación veterinaria.

El peligro del motor

En invierno, los gatos que viven en la calle o que salen buscan sitios cálidos para resguardarse, y el motor de un coche recién aparcado es uno de sus favoritos. Si el conductor arranca sin saber que hay un gato dentro, el animal puede sufrir heridas muy graves o morir. Es un riesgo real y frecuente, sobre todo en zonas con colonias felinas o donde hay gatos que salen libremente. Antes de arrancar en invierno, da unos golpes fuertes en el capó, toca el claxon o abre la puerta con fuerza y espera unos segundos, para dar tiempo a que cualquier gato escondido salga. Y mira también entre las ruedas y debajo del coche.

El anticongelante

El anticongelante de los coches suele contener etilenglicol, una sustancia de sabor dulce que atrae a los animales y que es extremadamente tóxica para los gatos: una cantidad muy pequeña, lamida de un charco o de las patas, puede causar un fallo renal agudo y la muerte. Los primeros síntomas aparecen en pocas horas y se parecen a una borrachera: el gato se tambalea, vomita, está desorientado; después, puede parecer que mejora, mientras el daño renal avanza. Es una urgencia extrema: si sospechas que tu gato ha estado en contacto con anticongelante, ve al veterinario inmediatamente, sin esperar a los síntomas. Guárdalo bien cerrado, limpia cualquier derrame y elige productos menos tóxicos cuando puedas.

Estufas, braseros y chimeneas

Los gatos se acercan mucho a las fuentes de calor y no siempre calculan bien la distancia. Pueden quemarse el pelo, los bigotes o las almohadillas, o volcar una estufa. Usa protectores en chimeneas y estufas, no dejes al gato solo con un brasero o una estufa de llama encendidos, y desconfía de las estufas de butano o de las chimeneas con mala ventilación, por el riesgo de monóxido de carbono, que afecta antes a los animales pequeños. Las mantas y almohadillas eléctricas de uso humano no son seguras para el gato, que puede morder el cable o quemarse. Y antes de poner la lavadora o la secadora, comprueba que el gato no se ha metido dentro buscando calor.

Bebe menos, y eso importa

En invierno muchos gatos beben todavía menos de lo habitual, y eso aumenta el riesgo de problemas urinarios, como la cistitis o los cálculos, y empeora a los gatos con enfermedad renal. Además, si salen menos o se mueven menos, orinan con menos frecuencia. Para animarle a beber, ofrécele varios cuencos repartidos por la casa, una fuente, agua templada en lugar de fría, y más comida húmeda en su dieta. Si tu gato tiene tendencia a la cistitis, el invierno y los cambios de rutina de estas fechas son un buen momento para extremar la vigilancia. Y si ves que va mucho al arenero con poco pis o se queja al orinar, sobre todo si es macho, es una urgencia.

Menos movimiento, más kilos y más dolor

Con el frío, los gatos tienden a moverse menos y a dormir más, y si siguen comiendo lo mismo, ganan peso. Mantén las sesiones de juego diarias, aunque sean cortas, y ajusta la ración si notas que engorda. Los gatos con artrosis suelen notar más el dolor articular en invierno: si tu gato es mayor y le ves más rígido, que salta menos o le cuesta levantarse, coméntalo con el veterinario, que puede ajustar su tratamiento para el dolor. Facilítale el acceso a sus sitios favoritos con rampas o escalones, y una cama cálida y mullida. El calor alivia el dolor articular, y muchos gatos mayores lo agradecen mucho.

Los gatos de las colonias

Los gatos de las colonias felinas pasan el invierno a la intemperie, y el frío y la lluvia les afectan, sobre todo a los más jóvenes, mayores o enfermos. Si colaboras con una colonia, o quieres ayudar a los gatos de tu barrio, puedes ofrecerles refugios: cajas de plástico o de poliestireno expandido, con una entrada pequeña, elevadas del suelo y rellenas de paja, que aísla y no retiene la humedad, a diferencia de las mantas y toallas, que se empapan y se congelan. Asegúrate de que tienen agua que no se congele y un poco más de comida, porque gastan más energía para mantener el calor. Lo ideal es coordinarte con la persona o la asociación que gestiona la colonia, y con tu ayuntamiento.

Gatos que salen al exterior

Si tu gato sale a la calle o al jardín, en invierno es buena idea limitar sus salidas, sobre todo por la noche y los días de mucho frío o lluvia, y asegurarte de que siempre puede volver a casa, con una gatera o una entrada protegida. Revísale al volver: sécale si viene mojado, comprueba sus almohadillas por si tienen heridas por el hielo o la sal de las carreteras, y limpia sus patas si ha pisado sustancias que pueda lamer. Ten en cuenta también que en invierno anochece antes, y que los conductores ven menos. Y recuerda que el invierno también incluye la Navidad, con sus propios peligros para los gatos: espumillón, plantas tóxicas, comida y luces.

Lo que importa

La mayoría de los gatos sanos llevan bien el frío, pero los sin pelo, los gatitos, los mayores y los enfermos necesitan más calor. Ofrece camas elevadas y cálidas, anímale a beber, mantén el juego y vigila la artrosis. Golpea el capó antes de arrancar, guarda el anticongelante y protege estufas y braseros. A los gatos de colonia, refugios con paja.

Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.

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