¿Por qué el gato mueve la cola? Guía rápida para leer su cola
En el gato, mover la cola de lado a lado casi nunca es alegría, como en el perro: suele indicar excitación, atención o irritación, y si los latigazos son fuertes, que quiere que le dejes en paz. La cola levantada y vertical, en cambio, es un saludo amistoso.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Un gato no es un perro
El error más común al leer la cola de un gato es interpretarla como la de un perro. En los perros, mover la cola suele asociarse a alegría o excitación social. En los gatos, el movimiento amplio de lado a lado de la cola indica, casi siempre, que algo le activa o le molesta. Muchas personas acaban con un arañazo porque siguen acariciando a un gato que llevaba un rato sacudiendo la cola. La cola del gato es uno de sus principales medios de comunicación, y aprender a leerla, junto con las orejas, los ojos y la postura del cuerpo, evita muchos malentendidos. Es también la razón de muchos roces entre perros y gatos que conviven: el perro interpreta la cola agitada del gato como una invitación a jugar, y el gato la cola en alto del perro como algo distinto de lo que es. Con paciencia y presentaciones bien hechas, la mayoría acaban entendiéndose.
La cola en alto: un saludo
Un gato que se acerca a ti con la cola levantada, vertical, a veces con la punta ligeramente curvada en forma de gancho o de signo de interrogación, te está saludando de forma amistosa. Es la señal más clara de buena disposición que tiene un gato. Los estudios de observación en colonias de gatos, como el de Simona Cafazzo y Eugenia Natoli publicado en 2009 en la revista Behavioural Processes, describen la cola en alto como una señal de intención amistosa entre gatos, que suele preceder a los frotamientos de la cabeza y el cuerpo. Con las personas la usa igual. Si a la cola en alto añade un pequeño temblor, suele ser de mucha excitación positiva, por ejemplo cuando llegas a casa o ve su comida.
Latigazos de lado a lado: cuidado
Cuando la cola se mueve de lado a lado con fuerza, como un látigo, o golpea el suelo o el sofá, el gato está irritado, sobreestimulado o en tensión. Es típico durante las caricias: al principio la cola está quieta y el gato ronronea, luego empieza a mover la punta, después la cola entera, y si no paras, llega el mordisco o el zarpazo. Es su forma de avisarte antes. Ante una cola así, lo mejor es retirar la mano y dejarle espacio. También aparece cuando ve a otro gato por la ventana o durante un enfrentamiento: es una señal de que la tensión va en aumento.
La punta que se mueve: atención
Si solo se mueve la punta de la cola, con pequeños giros o sacudidas, mientras el resto del cuerpo está quieto, el gato está atento y concentrado en algo. Puede ser un juguete, un ruido o una presa. Es también la cola del gato que acecha agazapado antes de saltar, a menudo acompañada del meneo de las patas traseras justo antes del ataque. Cuando está tumbado y relajado, una punta de la cola que se mueve suavemente mientras le hablas puede indicar simplemente que te está escuchando sin molestarse en girarse. El contexto lo explica casi todo.
Erizada, baja o metida entre las patas
Una cola erizada, con el pelo de punta y el doble de gruesa, es una cola de susto o de defensa: el gato intenta parecer más grande ante una amenaza. Suele ir con el lomo arqueado, el cuerpo de lado y bufidos, o aparecer de golpe tras un sobresalto. Hay que dejarle tranquilo y no intentar cogerle. Una cola baja, pegada al cuerpo o metida entre las patas traseras indica miedo, inseguridad o sumisión. Y una cola que el gato lleva rodeando su cuerpo mientras está sentado o tumbado suele ser una postura de calma o de recogimiento, aunque también la adoptan cuando tienen frío.
La cola para mantener el equilibrio
Además de comunicar, la cola cumple una función física: ayuda al gato a mantener el equilibrio. Cuando camina por el borde estrecho de una estantería o de una valla, la mueve hacia un lado o hacia el otro para compensar el peso, como un funambulista con su pértiga. También la usa en las carreras y los giros bruscos, para cambiar de dirección sin perder estabilidad, y en los saltos. Por eso los gatos con la cola amputada por un accidente suelen tardar un tiempo en recuperar la soltura, aunque la mayoría se adapta muy bien. Y por eso nunca hay que tirarle de la cola, ni en broma: además de doloroso, puede dañar los nervios que controlan la vejiga y el intestino, que pasan por esa zona de la columna.
La cola cuando duerme o está tumbado
Un gato tumbado que mueve la cola mientras le acaricias no siempre está contento, aunque esté ronroneando: el ronroneo no siempre es placer, y la cola puede estar diciendo que ya basta. Al revés, un gato dormido que da pequeños golpes con la cola puede simplemente estar en fase de sueño REM, la de los sueños, en la que son normales pequeños movimientos de los bigotes, las patas y la cola. Para saber qué siente un gato hay que mirarlo entero: orejas hacia delante o de lado, ojos entrecerrados o pupilas dilatadas, cuerpo relajado o tenso. La cola sola no basta.
Gatos sin cola y colas que no se mueven
Algunos gatos tienen la cola muy corta o no tienen cola por su genética, como el Manx o los bobtail, y se comunican igual de bien con el resto del cuerpo, aunque a otros gatos les cueste un poco más leerlos. Lo que sí debe llamar la atención es un gato que de repente lleva la cola caída y no la mueve, que no deja que se la toquen o que tiene problemas para orinar o defecar. Puede ser una lesión, por ejemplo una fractura o un tirón de la cola tras un portazo o un atropello, que a veces daña los nervios de la zona. También el dolor en la base de la cola por pulgas o por un absceso de mordedura se nota así. En esos casos, al veterinario.
En el gato, la cola en alto es un saludo amistoso; los latigazos de lado a lado indican irritación o sobreestimulación, y conviene parar; la punta que se mueve es atención; la cola erizada es susto y la cola baja, miedo. No la leas como la de un perro, y mira siempre al gato entero.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.