Gato con miedo a los petardos y los fuegos artificiales: qué hacer
En España hay pólvora media parte del año: San Juan, las Fallas, las fiestas de cada pueblo, Nochevieja. Los perros que tiemblan se ven, pero los gatos asustados se esconden y sufren en silencio, y algunos se escapan por una ventana. Hay mucho que se puede hacer, parte para esa misma noche y parte con semanas de antelación.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Por qué les dan tanto miedo
El oído del gato es muchísimo más fino que el nuestro y capta frecuencias que nosotros no oímos. Un petardo que a ti te sobresalta, a él le resulta atronador. Además, los petardos son ruidos secos, imprevisibles, que llegan de distintas direcciones y que el gato no puede relacionar con nada, lo que los hace especialmente aterradores para un animal que basa su seguridad en controlar su entorno. A diferencia de muchos perros, que buscan a su dueño, la reacción típica del gato es esconderse en el sitio más protegido que encuentre y no salir en horas, a veces sin comer ni ir al arenero. Que no lo veas temblar no significa que no lo esté pasando mal.
Lo primero: que no pueda escaparse
El mayor peligro de una noche de petardos no es el miedo, sino la huida. Un gato aterrado puede saltar por una ventana o un balcón que normalmente no le interesa, y muchos gatos se pierden o se caen precisamente en esas noches. Antes de que empiecen los petardos, cierra ventanas y balcones, también las ventanas en modo oscilobatiente, que son una trampa peligrosa. Si tu gato tiene acceso al exterior, mételo en casa antes del anochecer y no lo dejes salir hasta el día siguiente. Avisa a todos los de casa de que tengan cuidado al abrir la puerta. Y comprueba ya, no esa noche, que su microchip tiene tus datos actualizados: es lo que lo devuelve a casa si todo falla.
Prepárale un refugio
Los gatos asustados buscan un sitio pequeño, oscuro y elevado o muy cerrado donde sentirse protegidos: debajo de una cama, dentro de un armario, detrás del sofá. No se lo impidas: es su forma de afrontar el miedo. Al contrario, ayúdale preparándole con antelación un buen refugio en la habitación más interior y silenciosa de la casa, con una caja de cartón o un transportín abierto con una manta con su olor, y otro escondite en alto si puede ser. Deja en esa habitación agua, un arenero y algo de comida, porque puede no querer salir en horas. Dale acceso libre a ese refugio y al resto de la casa, pero nunca le encierres a la fuerza ni le saques de su escondite.
Amortigua el ruido y las luces
No se trata de lograr un silencio absoluto, que es imposible, sino de rebajar los estallidos. Cierra ventanas y persianas, que reducen el ruido y ocultan los fogonazos. Pon un ruido de fondo constante, como la televisión, la radio, música tranquila o un ventilador, que hace que los petardos destaquen menos. Hay música diseñada específicamente para gatos, con tempos y frecuencias pensados para ellos; algunos estudios sugieren que les relaja más que la música humana, aunque cualquier sonido estable y familiar ayuda. Y si puedes, quédate en casa esas noches: tu presencia tranquila no evita el miedo, pero sí que el gato pase la noche solo, y puedes vigilar que esté bien.
Cómo comportarte tú
Mantén la calma y actúa con normalidad. Si tu gato viene a buscarte, puedes acariciarle y hablarle con tranquilidad: no es verdad que consolar a un animal asustado refuerce su miedo. Pero si prefiere esconderse, déjale. No le busques, no le saques de debajo de la cama, no le cojas en brazos para tranquilizarle si no quiere, porque un gato aterrado puede arañar o morder por miedo y además aprenderá que no tiene control. Ofrécele algún premio muy apetecible junto a su refugio, por si le apetece. Y si tienes varios gatos, vigila que no se peleen: el miedo puede provocar agresividad redirigida entre ellos, que a veces deteriora una buena relación.
Feromonas, con antelación
Los difusores de feromonas faciales felinas, que imitan las marcas de olor tranquilizadoras de los gatos, pueden ayudar algo a algunos gatos en situaciones de estrés. Si quieres probarlos, enchúfalos unos días antes de la fecha, en la habitación donde está el refugio, porque necesitan tiempo para impregnar el ambiente. Cuestan entre 25 y 35 euros con el primer recambio. Hay que ser honestos: su eficacia es variable y no hacen milagros con un gato con mucho miedo. Son un apoyo, no una solución. Algo parecido pasa con los suplementos con ingredientes calmantes que se venden sin receta, con una evidencia aún más limitada. Lo que de verdad marca la diferencia en casos graves es hablar con el veterinario.
Si el miedo es intenso, el veterinario
Hay gatos que pasan las noches de petardos en auténtico pánico: no comen, no van al arenero, se hacen pis o caca encima, jadean o se hacen daño intentando escapar. Si es el caso de tu gato, habla con el veterinario con semanas de antelación, no la víspera. Existen medicamentos que el veterinario puede pautar para tomar antes de un evento concreto y que reducen mucho la ansiedad, y la elección y la dosis dependen de cada gato, de su edad y de su salud, así que nunca le des medicación por tu cuenta. Nunca uses medicamentos de personas, que pueden ser muy tóxicos para los gatos. Y, si es posible, que el veterinario le pruebe la medicación un día tranquilo antes de la fecha.
Para el año que viene: trabajar el miedo con tiempo
El miedo a los ruidos se puede trabajar fuera de temporada con una técnica llamada desensibilización y contracondicionamiento. Consiste en poner grabaciones de petardos a un volumen tan bajo que el gato no se asuste, mientras le das algo que le encanta, como su comida húmeda favorita o una sesión de juego. Durante semanas, y siempre que el gato esté tranquilo, se va subiendo el volumen muy poco a poco. El objetivo es que el sonido deje de anunciar peligro y empiece a anunciar algo bueno. Si en algún momento muestra miedo, has ido demasiado rápido y hay que volver a un volumen más bajo. Funciona mejor con la ayuda de un profesional, y hay que empezar meses antes de las fiestas.
Después de la noche
Al día siguiente, deja que el gato salga de su escondite a su ritmo. Muchos gatos tardan horas en recuperarse y algunos siguen asustados durante un par de días, sobre todo si los petardos continúan de forma esporádica. Comprueba que come, bebe y usa el arenero con normalidad. Si un gato pasa más de un día sin comer, o si no ha orinado, o si es un macho y lo ves esforzarse en el arenero, ve al veterinario, porque el estrés puede desencadenar problemas urinarios como la cistitis idiopática. Revisa también que no tenga heridas si ha intentado escapar. Y si tu gato tiene salida al exterior, mantenlo dentro mientras sigan los petardos en tu zona, que en algunas fiestas son varios días.
Esa noche: ventanas y balcones cerrados, gato dentro de casa antes del anochecer, un refugio tranquilo con agua y arenero, ruido de fondo y nunca sacarle de su escondite. Comprueba hoy que el microchip tiene tus datos. Si el miedo es intenso, habla con el veterinario semanas antes, y trabaja la desensibilización con tiempo para el año que viene.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.