Mal aliento en el gato: qué puede significar
Mucha gente asume que el aliento de gato huele a pescado y punto. No es así: un gato sano tiene un aliento suave. Un olor fuerte y persistente es casi siempre una pista, y lo que huele de cada forma puede orientar sobre dónde está el problema.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Lo normal y lo que no
Justo después de comer, el aliento de un gato puede oler a su comida, sobre todo si es húmeda con pescado. Pero ese olor desaparece pronto. Un aliento fuerte, desagradable y constante, que notas cuando el gato bosteza, maúlla de cerca o se acicala, no es normal a ninguna edad. En la gran mayoría de los casos el origen está en la boca, pero en algunos procede del resto del cuerpo, como el riñón o el metabolismo. Por eso el mal aliento no se arregla con un premio que lo disimule: hay que saber de dónde viene.
La causa número uno: la boca
La enfermedad periodontal, con sarro, encías inflamadas y bacterias bajo la encía, es la causa más frecuente de mal aliento en gatos adultos, y afecta a la mayoría a partir de los tres años en algún grado. Las bacterias que viven en las bolsas entre el diente y la encía producen compuestos de azufre que huelen fatal. Otras causas en la boca son las reabsorciones dentarias, la gingivoestomatitis crónica, que produce un aliento muy fétido con babeo y dolor, los dientes rotos o con la raíz infectada, las úlceras por calicivirus y los restos de comida acumulados en gatos de cara chata, cuyos dientes están amontonados.
Mira debajo de la lengua
Una causa muy felina de mal aliento repentino es un cuerpo extraño en la boca: un hilo o una goma enrollados alrededor de la base de la lengua, un trozo de hueso o una astilla clavada entre los dientes o en el paladar. Al cabo de unos días, la zona se infecta y huele muy mal. El gato puede babear, mover la boca de forma rara, frotarse con la pata o dejar de comer. Si puedes, levanta con mucho cuidado la lengua por debajo: si ves un hilo, no tires de él, puede estar tragado y unido al intestino. Llévalo al veterinario.
Cuando huele a amoniaco o a orina
Un aliento con olor a amoniaco, a orina o metálico, sobre todo en un gato mayor, puede deberse a la enfermedad renal avanzada: el riñón no elimina bien las toxinas, que se acumulan en sangre y se eliminan en parte por la saliva, y además pueden aparecer úlceras en la boca. Suele ir acompañado de sed aumentada, orina abundante, pérdida de peso, vómitos y falta de apetito. Es motivo de consulta y analítica pronto. Si el gato está muy apagado, vomita mucho o no come, el mismo día.
Cuando huele dulce, a acetona o a fruta pasada
Un aliento con olor dulce, a acetona o a manzana pasada en un gato que además bebe y orina mucho, ha adelgazado, vomita, no come o está muy apagado puede indicar una cetoacidosis diabética: la diabetes descompensada hace que el cuerpo queme grasa sin control y produzca cuerpos cetónicos. Es una urgencia. Ve al veterinario el mismo día, y si es un gato diabético ya diagnosticado, avisa de que puede estar en cetoacidosis. Una diabetes recién descubierta también puede presentarse así, sin aviso previo.
Cuando huele a podrido y hay sangre o bulto
En gatos mayores, un aliento muy fétido acompañado de babeo con sangre, un bulto en la encía, la mandíbula o debajo de la lengua, dientes que se mueven sin motivo, hinchazón en un lado de la cara o dificultad para comer puede deberse a un tumor oral. El más frecuente en gatos es el carcinoma de células escamosas, que es agresivo y se diagnostica a menudo tarde porque al principio se confunde con un problema dental. Cualquier bulto o herida en la boca que no cure en una o dos semanas tiene que verlo el veterinario, que tomará una biopsia. Detectarlo pronto es lo que da opciones de tratamiento.
Qué hará el veterinario
Primero, una exploración de la boca con el gato despierto, que da mucha información, aunque para ver bien toda la boca a veces hace falta sedación. Valorará el sarro, las encías, los dientes, la lengua, el paladar y los ganglios del cuello. Si sospecha que el origen está fuera de la boca, o en un gato mayor de siete u ocho años, pedirá una analítica con función renal y glucosa. Si hay enfermedad dental, propondrá una limpieza con anestesia y radiografías dentales. Si hay un bulto, biopsia. Orientativamente: consulta de 40 a 60 €; analítica de 80 a 160 €; limpieza dental completa de 180 a 400 € sin extracciones; biopsia oral de 150 a 400 €.
Lo que no funciona
Los premios y sprays «para el aliento» que solo enmascaran el olor no tratan la causa y pueden retrasar el diagnóstico. Los enjuagues y pastas de personas no son adecuados: llevan flúor, alcohol o xilitol, que no deben tragarse. Los remedios caseros como el aceite de coco o el bicarbonato no tienen evidencia y pueden irritar. Dar antibióticos sin diagnóstico puede reducir el olor unos días, pero el problema vuelve en cuanto se acaban, y favorece las resistencias. El mal aliento de origen dental solo se resuelve de verdad con una limpieza completa y, luego, con prevención.
Prevención
Cepillado de dientes con pasta para animales, a diario o al menos varias veces por semana, empezando poco a poco. Piensos o premios dentales con certificación del Veterinary Oral Health Council como complemento. Revisión de la boca en cada visita veterinaria y analíticas periódicas a partir de los siete años, que detectan a tiempo la enfermedad renal y la diabetes. Y recoger hilos, gomas y cintas: son peligrosos para la boca y para el intestino. Si tu gato tiene cara chata, vigila especialmente la boca, porque sus dientes amontonados acumulan placa con más facilidad.
El mal aliento persistente no es normal en un gato. Casi siempre es la boca, pero un olor a amoniaco apunta al riñón, uno a acetona a diabetes descompensada, que es urgencia, y uno muy fétido con sangre o bulto en un gato mayor, a un posible tumor. Mira debajo de la lengua y pide revisión.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.