¿Por qué a los gatos les gustan tanto las cajas? Seguridad, calor y caza
A los gatos les gustan las cajas porque les dan una sensación de seguridad: un espacio cerrado, con la espalda protegida, desde el que vigilar sin ser vistos. Además conservan el calor y son un puesto perfecto para acechar. Un estudio con gatos de refugio mostró que tener una caja les ayudaba a adaptarse antes y con menos estrés.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
Un escondite con vistas
El gato es a la vez cazador y presa. En la naturaleza, su antepasado, el gato montés africano, descansa en huecos, madrigueras y matorrales donde nadie puede sorprenderle por detrás ni desde arriba, y desde los que puede observar sin ser visto. Una caja de cartón reproduce exactamente eso: paredes por tres o cuatro lados, un techo o un borde alto, y una abertura desde la que mirar. Dentro, el gato siente que controla la situación. Por eso tantos gatos eligen la caja del paquete recién llegado en lugar de la cama carísima que les compraste: la cama no protege, la caja sí.
Lo que dice la ciencia: menos estrés
En 2014, un equipo de la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos, dirigido por Claudia Vinke, publicó un estudio en la revista Applied Animal Behaviour Science con gatos recién llegados a un refugio. Eran 19 gatos: a diez les pusieron una caja para esconderse y a nueve no. Los gatos con caja mostraron menos signos de estrés en los primeros días y hacia el tercer día ya estaban tan tranquilos como lo estarían al final del estudio, un nivel que los gatos sin caja no alcanzaron hasta el día 14. Un ensayo posterior del mismo grupo, en 2019, con más gatos, confirmó que poder esconderse reduce el estrés. La conclusión, que hoy recogen las guías de bienestar felino, es que poder esconderse no es un capricho, sino una forma básica que tiene el gato de gestionar el estrés. Un gato que no tiene dónde ocultarse lo pasa peor.
El calor también cuenta
Los gatos se sienten cómodos a temperaturas más altas que nosotros: su zona de confort térmico, en la que no tienen que gastar energía en calentarse, está bastante por encima de la temperatura habitual de una casa. Por eso buscan el sol, los radiadores, el portátil encendido y tu regazo. El cartón es un buen aislante y una caja pequeña, en la que el gato cabe justo, retiene el calor de su propio cuerpo. Las cajas apretadas, en las que parece imposible que quepa, tienen precisamente esa ventaja: cuanto menos aire hay alrededor, menos frío pasa. Es la misma razón por la que se enroscan en bola cuando duermen.
Si quepo, me siento: los cuadrados imaginarios
El gusto por los espacios delimitados es tan fuerte que algunos gatos se sientan dentro de un cuadrado dibujado con cinta en el suelo. En 2021, un estudio de ciencia ciudadana dirigido por Gabriella Smith y publicado en Applied Animal Behaviour Science pidió a propietarios que pusieran en el suelo distintas figuras, entre ellas un cuadrado ilusorio, el cuadrado de Kanizsa, que el ojo humano percibe aunque sus lados no estén dibujados. Varios gatos eligieron sentarse dentro de ese cuadrado imaginario igual que dentro de uno real, lo que sugiere que perciben esa ilusión como nosotros. Era un estudio pequeño y hecho en casa: de cientos de gatos inscritos, solo 30 completaron todas las pruebas y nueve se sentaron en alguna figura, pero ayuda a entender por qué cualquier contorno les atrae.
Un puesto de acecho y un juguete
Una caja no es solo un refugio: también es un escondite desde el que lanzar emboscadas. Muchos gatos se meten en una caja y esperan a que pase algo, una pluma, un pie, otro gato, para saltar por sorpresa. Es la secuencia de caza de siempre: esconderse, acechar, saltar. Por eso una caja con un par de agujeros por los que asomar una cuerda o un juguete se convierte en un juego estupendo, y las cajas, bolsas de papel sin asas y túneles son de las formas más baratas de enriquecer la vida de un gato de interior. Y además se pueden morder y arañar, que también forma parte de la diversión.
Por qué prefieren la caja a la cama nueva
Es casi un chiste entre quienes conviven con gatos: compras una cama mullida y cara, y el gato se mete en la caja en la que venía. Hay varias razones, además de la seguridad y el calor. La caja es nueva y huele a cosas desconocidas, y los gatos son exploradores natos que investigan cualquier objeto que aparece en su territorio. El cartón se puede arañar y morder, y dejar en él su olor, de modo que en pocos días se convierte en algo suyo. Y muchas camas para gatos son abiertas, demasiado grandes o están en un sitio de paso, mientras que la caja suele acabar en un rincón tranquilo. Si quieres que use su cama, prueba a meterla dentro de una caja, ponerla en alto o en un lugar resguardado y dejar dentro una prenda tuya usada.
Cuando la caja es una pista
Que un gato se meta en cajas es normal y sano. Lo que conviene observar es el contexto. Si un gato que habitualmente está por la casa empieza a pasar casi todo el día escondido, en cajas, armarios o bajo la cama, y además come menos, no sale a recibirte o deja de usar el arenero con normalidad, puede ser una señal de dolor, de enfermedad o de un estrés importante, por ejemplo por la llegada de otro animal, una mudanza u obras. Los gatos esconden el malestar, y el escondite es muchas veces la primera pista visible. Ante un cambio así, mejor consultar con el veterinario.
Cómo aprovecharlo en casa
Ofrece a tu gato varios escondites repartidos por la casa, a distintas alturas: una caja de cartón con una abertura lateral, una cueva de tela, un hueco en un estante o en lo alto de un armario con una manta. En casas con varios gatos, más escondites que gatos, para que nadie tenga que competir. En el veterinario y en los viajes, un transportín que el gato conoce y que se abre por arriba funciona como su caja segura: si lo dejas en casa siempre abierto, con una manta dentro, muchos gatos lo usan para dormir y luego entran en él sin pelea. Retira grapas, cintas adhesivas y plásticos de las cajas antes de dárselas, para que no se los coma.
A los gatos les gustan las cajas porque les dan seguridad, un sitio con la espalda cubierta desde el que vigilar, conservan el calor y sirven para acechar. Un estudio de la Universidad de Utrecht de 2014 vio que los gatos de refugio con una caja se estresaban menos y se adaptaban antes. Ofrécele varios escondites y vigila si de repente se esconde todo el día.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.