¿Por qué los gatos se lamen entre ellos? El acicalamiento social
Los gatos que se lamen entre ellos están practicando el acicalamiento social: una forma de reforzar el vínculo y compartir un olor de grupo que solo hacen con los gatos con los que tienen confianza. Suelen lamerse la cabeza y el cuello, las zonas a las que cada uno no llega bien. Si tu gato te lame a ti, te está tratando como a uno de los suyos.
Por Javier, que escribe todo lo que hay en esta web
El acicalamiento social
Los gatos pasan una parte importante del día lamiéndose a sí mismos para limpiarse, regular la temperatura y relajarse. Cuando lo hacen con otro gato, se llama acicalamiento social o alogrooming, y tiene otra función: es una conducta de relación. Solo la practican gatos que se conocen y se aceptan, como hermanos de camada, una madre con sus gatitos o gatos adultos que conviven desde hace tiempo y han formado un vínculo. Dos gatos que se lamen la cabeza el uno al otro, a menudo tumbados juntos, son un buen indicador de que en esa casa la convivencia funciona.
Por qué la cabeza y el cuello
Si te fijas, los gatos se lamen sobre todo la cabeza, la cara, las orejas y el cuello del otro. Son precisamente las zonas a las que cada gato llega peor con su propia lengua, así que hay una parte práctica de ayuda mutua en la limpieza. Pero también son zonas con glándulas de olor, y al lamerse y frotarse mezclan sus olores. En las colonias de gatos, ese olor común funciona como una especie de carné de grupo: los gatos que huelen igual se reconocen como miembros del mismo clan. Es parecido a lo que hace tu gato cuando se frota contigo, que también te está marcando con su olor.
Quién lame a quién
El acicalamiento no siempre es simétrico. Un estudio clásico de Ruud van den Bos publicado en 1998 en el Journal of Ethology, hecho con un grupo de 25 gatos adultos esterilizados que convivían en un mismo espacio, observó que los gatos de mayor rango social tendían a lamer más a los de menor rango que al revés, y que en cerca de un tercio de las sesiones aparecía algún gesto agresivo, casi siempre por parte del que lamía. El autor planteó que el acicalamiento podría servir, entre otras cosas, para canalizar tensiones y evitar peleas. Es un estudio con un grupo concreto y no conviene sacar conclusiones demasiado amplias, pero ayuda a entender que, además de cariño, en el lameteo hay también algo de organización social.
Cuando acaba en mordisco
Es muy habitual que una sesión de lameteo termine de golpe con un mordisco, un bufido o una pequeña pelea. No significa que se lleven mal. Los gatos tienen un umbral de tolerancia al contacto, y cuando uno de los dos se cansa o se sobreexcita, lo comunica así. También puede ser que el gato que lame se pase de intenso y el otro le corte. Mientras la escena dure poco, ninguno se quede asustado o escondido y vuelvan a estar tranquilos enseguida, es normal. Lo preocupante es que uno de los gatos esté siempre persiguiendo, bloqueando el paso al arenero o a la comida, o que el otro evite constantemente al primero.
Cuando la madre lame a los gatitos
El primer acicalamiento que recibe un gato es el de su madre. Nada más nacer, la gata lame a cada gatito para limpiarlo, estimular su respiración y secar su pelo. Durante las primeras semanas, además, les lame la barriga y la zona genital para estimular que orinen y defequen, porque los recién nacidos no pueden hacerlo solos. Por eso, cuando alguien cría a mano a un gatito huérfano, tiene que frotarle esa zona con una gasa húmeda después de cada toma. Ese lameteo materno crea un vínculo y queda asociado a la seguridad, lo que explica en parte por qué los gatos adultos lo siguen usando con quienes confían.
Lamerse a sí mismo para calmarse
Además de limpiarse, los gatos se lamen para tranquilizarse. Es frecuente ver a un gato que, tras un susto, una caída torpe, una riña con otro gato o un momento de indecisión, se sienta y se da unos lametazos rápidos en el costado o en la pata. Los etólogos lo llaman conducta de desplazamiento: una acción fuera de contexto que ayuda a liberar tensión, parecida a cuando nosotros nos rascamos la cabeza ante una situación incómoda. El acicalamiento libera sustancias que relajan y ocupa la mente del gato en algo familiar. Por eso no es raro que, durante el lameteo social, uno de los gatos pase de lamer al otro a lamerse a sí mismo de repente: es su manera de bajar revoluciones.
¿Y si me lame a mí?
Si tu gato te lame las manos, la cara o el pelo, te está incluyendo en su círculo social y te trata como a un compañero de confianza. A menudo lo hace cuando está relajado, junto a ronroneos, amasado o frotamientos de la cabeza. Su lengua está cubierta de pequeñas púas de queratina orientadas hacia atrás, las papilas filiformes, que funcionan como un cepillo; por eso raspa y, si insiste mucho en el mismo sitio, puede llegar a molestar. Si quieres cortarlo, retira la mano con suavidad o redirige su atención con una caricia o un juguete, sin regañarle. Y lávate las manos después si tienes heridas, porque la boca del gato tiene bacterias.
Cuando lamer es demasiado
Hay situaciones en las que el lameteo deja de ser normal. Un gato que lame a otro con tanta insistencia que le deja zonas sin pelo, o que se lame a sí mismo hasta hacerse calvas en la barriga, las patas o los costados, puede tener un problema de piel, como alergias o pulgas, dolor en la zona o un estrés importante. También es una señal de alerta lo contrario: un gato que deja de acicalarse y lleva el pelo sucio, apelmazado o grasiento, sobre todo en la espalda. Suele ser un gato con dolor, por ejemplo artrosis, con sobrepeso o enfermo. En ambos casos la consulta al veterinario es el primer paso.
Los gatos que se lamen entre ellos practican el acicalamiento social: refuerzan su vínculo, comparten un olor de grupo y se limpian las zonas a las que no llegan, sobre todo cabeza y cuello. Solo lo hacen con gatos de confianza. Que acabe en un mordisco breve es normal. Si te lame a ti, eres de los suyos.
Contenido divulgativo de Michipedia. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un etólogo felino: cada gato es un individuo.