Singapura
También conocido como: Gato de Singapur · Gato de alcantarilla de Singapur · Kucinta · Singapura cat






Fotos: Straits Singapuras (CC BY-SA 4.0) · Nickolas Titkov from Moscow, Russian Federation (CC BY-SA 2.0), vía Wikimedia Commons.
Ficha
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* Camada y coste son estimaciones orientativas a partir del tamaño y de las necesidades de cepillado y salud de la raza, no cifras medidas de ejemplares concretos.
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Cómo es
Es una de las razas más pequeñas: una hembra adulta puede no llegar a los 2,5 kg. La versión oficial cuenta que Hal y Tommy Meadow llevaron a Estados Unidos a mediados de los setenta varios gatos callejeros de Singapur, donde los llamaban «gatos de alcantarilla», y que de ellos salió la raza, reconocida por la CFA en 1988. Después se publicó que algunos de esos gatos podrían haber viajado antes desde EE. UU. a Singapur, así que su origen sigue discutido. Lo que no se discute es su carácter: curioso, juguetón hasta adulto y muy pegado a su gente, con una voz suave. Tiene ojos y orejas enormes para su cabeza diminuta.
Carácter
Cuidados
El pelo no da trabajo: una pasada de gamuza a la semana. Al ser tan pequeño y con poco subpelo pasa frío, así que agradece camas calientes y sitios altos al sol. Juega mucho y le gusta trepar: estanterías, rascadores altos y juguetes de caña. Ajusta bien la ración, porque come poco y es fácil pasarse con los premios. Cuidado con balcones y ventanas: es ligero, ágil y muy curioso.
Salud
Se ha descrito deficiencia de piruvato quinasa (anemia hemolítica, con prueba genética) y atrofia progresiva de retina rdAc, también con prueba. En hembras se cita la inercia uterina, que complica los partos. Su base genética es muy estrecha, así que conviene elegir criadores que controlen la consanguinidad y enseñen las pruebas de los padres.
Cómo es de gatito
Un gatito de Singapura no debería separarse de su madre antes de las doce o trece semanas, que es lo que piden las principales asociaciones felinas: en ese tiempo aprende de ella y de sus hermanos a controlar el mordisco, a usar el arenero y a relacionarse con otros gatos. Crece deprisa: a los seis meses ya tiene casi su tamaño, y el cuerpo y el carácter terminan de asentarse hacia el año.
El periodo sensible de socialización del gato es muy temprano, más o menos entre la segunda y la séptima semana de vida, así que buena parte se juega en casa del criador o de la casa de acogida. Un gatito que en ese tiempo ha sido manipulado a diario por personas distintas suele ser un adulto mucho más confiado. Al llegar a casa, tú sigues sumando experiencias buenas y sin agobio: visitas tranquilas, el transportín abierto como un mueble más, el cepillo y que le toquen las patas. Lo que no conozca ahora le costará más después.
Es un gatito de mucha actividad (4 sobre 5 de adulto): trepa cortinas, persigue tobillos y de madrugada organiza carreras. No es mala educación, es caza sin presa. Con 30 minutos de juego al día en sesiones cortas con una caña, y un rascador alto desde el primer día, se canaliza. Lo que no funciona es jugar con las manos: lo que aprenda ahora lo hará de adulto con 2,8 kilos.
Aprende con facilidad (4 sobre 5): con clicker y premios pequeños puede aprender a venir cuando lo llamas, a entrar solo en el transportín e incluso a ir con arnés. Empieza ahora, que de gatito todo cuesta menos.
Antes de que llegue: un arenero por gato y uno más, lejos de la comida; rascadores en los sitios de paso; y ventanas y balcones con red, porque un gatito no calcula las alturas. En la primera semana, visita al veterinario para la revisión, la desparasitación y la pauta de vacunas.
Un día normal con un Singapura
Un día normal con un Singapura adulto no gira en torno a paseos, sino a ratos de juego: dos o tres sesiones de diez a quince minutos que imiten una caza completa (acechar, perseguir, atrapar) y que terminen con algo de comida. En total, unos 30 minutos al día, y el resto lo organiza él: siestas, ronda de vigilancia por la casa y un buen rato mirando por la ventana.
En una raza de actividad 4 sobre 5, ese juego no es opcional: un Singapura que se aburre lo hace notar tirando cosas de las estanterías, atacando tobillos o despertándote de madrugada. Ayudan los rascadores altos, las repisas para trepar, una ventana con vistas (y con red) y los comederos de rompecabezas, que convierten la comida en un problema que resolver.
Es de voz suave (2 sobre 5). Precisamente por eso, si un día empieza a maullar mucho más de lo normal, tómatelo como una señal: dolor, estrés o, en las gatas sin esterilizar, el celo.
El pelo se mantiene casi solo: una pasada a la semana con guante de goma o cepillo suave basta.
Y lo que no se ve pero lo decide todo: el arenero se limpia a diario y la arena se cambia entera cada una o dos semanas. Es lo que más evita que un gato deje de usarlo.
Qué darle de comer
Un Singapura adulto y esterilizado de unos 2,8 kg necesita alrededor de 179 kilocalorías al día, que con un pienso seco corriente son unos 46 gramos, mejor repartidos en varias tomas pequeñas, que es como come un gato. En dinero, la comida le va a costar del orden de 190 € al año. Son cifras de partida: quien manda es su cuerpo, y tienes que notarle las costillas al pasar la mano sin apretar.
El gato es carnívoro estricto: necesita proteína animal y taurina, y no se adapta a dietas vegetarianas ni a la comida de perro. Además bebe poco por naturaleza, así que incluir comida húmeda y poner una fuente o varios cuencos de agua lejos del comedero ayuda a su riñón y a sus vías urinarias.
Nada de leche de vaca (la mayoría de gatos adultos no tolera la lactosa), ni cebolla, ajo, uvas o chocolate. Los premios cuentan como comida y no deberían pasar de una décima parte de lo que come al día.
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Qué esperar en cada etapa
Vacunas, desparasitaciones, el cambio de dientes hacia los cuatro o cinco meses y las normas de casa. Es también cuando se acostumbra al transportín, al cepillo y a que le revisen la boca y las uñas, y eso te ahorrará muchos malos ratos en los 14 años que vienen. La esterilización se suele hacer antes del primer celo, que puede llegar hacia los cuatro o seis meses; las razas orientales, como esta, suelen estar entre las más precoces.
La adolescencia: más energía, más pruebas de límites y, en los machos sin castrar, marcaje con orina. Tras la esterilización las necesidades de energía bajan, así que es el momento de ajustar la ración antes de que aparezcan los kilos de más. En el Singapura, a los dos años ya es el gato que va a ser.
Su mejor momento. Revisión anual con vacunas según su estilo de vida, control de peso y una mirada a la boca, porque el sarro y la gingivitis empiezan aquí. A partir de los siete u ocho años, analítica de sangre y orina en la revisión: es la forma de pillar a tiempo lo que el gato esconde.
Entra en la etapa senior. El gato disimula el dolor, así que los primeros signos no son quejas: deja de subir a los sitios altos, salta en dos tiempos, se acicala menos o hace sus cosas fuera del arenero porque le cuesta entrar. Casi siempre es artrosis, y se trata. Conviene pasar a dos revisiones al año con analítica (riñón, tiroides y tensión), un arenero de bordes bajos y rampas o escalones hacia sus sitios favoritos.
La esperanza de vida del Singapura está entre los 12 y los 15 años. Está en la media felina. Lo que más la alarga es lo mismo en cualquier gato: peso controlado, dientes cuidados, revisiones con analítica y, si sale, que sea de forma segura.
Si vas a comprar uno
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el gatito importa más que el pedigrí. Las preguntas que valen para cualquier raza: ¿puedo ver a la madre y a la camada en casa? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres, y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y de cuántas razas? ¿A qué edad entregas? ¿Qué pasa si no puedo quedármelo? Si esquiva alguna, mala señal. Y desconfía de los «Singapura sin pedigrí» muy baratos: en gatos es muy habitual que sean mestizos que se le parecen.
En el Singapura en concreto, pide la prueba genética de atrofia progresiva de retina y la prueba de déficit de piruvato quinasa (PK-def). Un criador serio las tiene y las enseña sin que se las pidas; si te dice que «no hacen falta porque sus gatos están sanos», ya sabes bastante.
Su salud media está en 3 sobre 5, en la parte media de la tabla: las pruebas de los padres marcan la diferencia.
Y lo que dice la ley en España: con la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos ya no se venden en tiendas, solo directamente desde criadores registrados. Pide el número de registro, el microchip y la cartilla con vacunas y desparasitaciones, y el pedigrí de una asociación reconocida si te lo venden como Singapura. Lo que cada comunidad exige además lo tienes en la página de normativa.
Con qué se confunde
Curiosidades
Solo existe en un color, el sepia agutí: cada pelo alterna bandas claras y oscuras.
En 1991 la oficina de turismo de Singapur lo convirtió en mascota con el nombre de Kucinta, de «kucing» (gato en malayo) y «cinta» (amor).
Su origen sigue discutido: varios criadores pusieron en duda la historia de los gatos callejeros importados.
Pese a su tamaño, madura despacio y puede tardar cerca de dos años en tener su aspecto adulto.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años vive un Singapura?
Un Singapura vive de media entre 12 y 15 años, en la línea de la media felina. El Singapura tiene una salud corriente: con revisiones anuales y el peso controlado suele llegar bien.
¿Cuánto pesa un Singapura adulto?
Un Singapura adulto pesa 2–3,5 kg, las hembras en la parte baja y los machos en la alta, y mide unos 18–23 cm a la cruz. Es de las razas pequeñas: la media del gato doméstico ronda los cuatro kilos y este se queda por debajo.
¿Cuánto juego necesita un Singapura?
Unos 30 min de juego al día, mejor en dos o tres sesiones cortas que en una larga. El Singapura es activo de verdad: si no gasta energía jugando, la gasta de madrugada o con tus tobillos.
¿Suelta mucho pelo el Singapura?
El Singapura tiene el pelo muy corto, fino y pegado, con pelo tictac. Prácticamente no suelta. El cepillado es cosa de un momento a la semana.
¿Es el Singapura un buen gato para piso?
Sí, el Singapura es de los gatos que mejor llevan la vida de piso. Eso sí, ventanas y balcones con red: las caídas desde altura son una de las urgencias más frecuentes en gatos de ciudad.
¿Se lleva bien el Singapura con los niños?
El Singapura suele llevarse bien con los niños y les sigue el juego. Aun así, conviene enseñarles a tratarlo y supervisar con los más pequeños.
¿Se lleva bien el Singapura con los perros?
El Singapura suele llevarse bien con perros educados si las presentaciones se hacen poco a poco.
¿Se lleva bien el Singapura con otros gatos?
El Singapura suele llevarse bien con otros gatos, sobre todo si son de un carácter parecido.
¿Maúlla mucho el Singapura?
Poco. El Singapura tiene la voz suave y la usa sobre todo para pedir.
¿Puede quedarse solo en casa un Singapura?
Sí, durante una jornada normal, si tiene rutina, juguetes y un rato de juego contigo al volver. El Singapura no es de los más dependientes, pero tampoco de los más independientes. Más de un día seguido, nunca sin que alguien pase a verlo.
¿Es hipoalergénico el Singapura?
No. El Singapura no se considera hipoalergénico. En realidad ningún gato lo es: la proteína Fel d 1, que causa la mayoría de alergias, está en la saliva y la piel de todos los gatos.
¿Qué enfermedades tiene el Singapura?
Se ha descrito deficiencia de piruvato quinasa (anemia hemolítica, con prueba genética) y atrofia progresiva de retina rdAc, también con prueba. En hembras se cita la inercia uterina, que complica los partos. Su base genética es muy estrecha, así que conviene elegir criadores que controlen la consanguinidad y enseñen las pruebas de los padres. En resumen, la salud del Singapura está en la media: revisión anual y analítica a partir de los siete u ocho años.
¿Cuánto cuesta mantener un Singapura?
Con nuestro cálculo, el mismo de la calculadora, mantener un Singapura cuesta 780 – 1080 € al año, unos 75 € al mes de media, contando comida, arena, veterinario de rutina y el resto de gastos habituales. El precio del gatito es aparte; lo que de verdad cuesta son los 15 años siguientes.
Para seguir leyendo
Adoptar en vez de comprar
En protectoras y casas de acogida hay sobre todo gatos comunes, pero también llegan gatos de raza o con mucho de Singapura, a menudo adultos con el carácter ya hecho. Antes de comprar, merece la pena mirar.





